Do you believe?

I don't believe in perfect love. But I do believe that there are people whose lives are inextricably intertwined.



Dawson's Creek

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domingo, 18 de marzo de 2012

DE LA OBSERVANCIA

Observar tu alrededor requiere constancia y claridad. Constancia para no sucumbir a los encantos de la ignorancia y no dejar de mirar cuando lo que se ve no gusta. Claridad para no volverse loco.


Observar es un verbo implícito en las actuaciones humanas...quien no observa está condenado a estancarse...pues el aprendizaje vicario que Bandura analizó con maestría nos muestra una vez más que mirando un poco atentamente se aprende mucho.


Observando, en estas circunstancias, mi alrededor, he aprendido la valiosa lección de la vida: disfrutar viviendo, con lo bueno y con lo malo, con las risas y con los llantos... porque ahora llorar ya no se me hace tan amargo... porque ahora mis lágrimas encuentran consuelo.


Y es totalmente cierto, el ser humano no ha nacido para estar solo, nos enloquecemos estándolo, aún más sintiéndonos... porque la soledad más que un estado, es un sentimiento.


Yo quiero aprender a no sentirme sola, yo quiero que mi alrededor no se sienta solo.

Y por mucho que quiera no será sino con caricias la manera de demostrar a quienes más quiero que viven conmigo y yo con ellos.


Porque os quiero, os aprecio, os estimo y os necesito...porque no podemos faltarnos en ausencia...por el "siempre".

Marina

miércoles, 25 de enero de 2012

SENTADA Y CON LAS PIERNAS CRUZADAS






En una sala de espera, sentada sobre mis dudas, dudas sobre las razones por las que mis respuestas son diferentes de las correctas.



No es metáfora ni poesía, me encuentro irónicamente sentada en una silla, acompañada de desconocidos que están por delante de mí.



Me atienden antes de lo esperado, ahora había hecho mía esta silla impersonal.



Quien me atiende tiene prisa y yo... yo también tengo prisa por salir de ahí...quiero aire, mucho aire.



No sabe resolver mis dudas, no es su materia, se disculpa atropelladamente y me remite a otra persona.



Ya que me tiene delante me pone fecha de examen, le digo que he tenido una mala semana y por ello no vine ayer. "No te preocupes." Me dice. "Ven la semana que viene."



Salgo de allí con una sonrisa de protocolo social... como toda conducta cordial desde hace unos días atrás.



¿Ser auténtica? ¿Ser sincera? A partir de ya sí, pero conmigo misma y con los míos, los que me quieren sin decirlo, los que lo demuestran... sin confundirlos con los que dicen demasiado para sentir demasiado poco.



Curiosa lección sutil de la vida lo acontecido hace unos minutos.



Ahora estoy sentada tranquila y pausada en un parque. Sola, totalmente sola con el ruido de fondo de chavales jugando y disfrutando la vida. Hace un día cálido, el Sol me permite estar sentada despojada de abrigo, la brisa suave y fresca me acaricia la cara como si supiera que ando escasa de contacto sincero.



A ratos, breves e intensos, deseo correr gritando y llorando hacia ninguna parte pero calmo mi locura impestiva y sigo caminando despacio, muy despacio, cuidando cada paso, temerosa de volver a pisar el lodo del que aun me voy despojando.



Sé que tardaré en caminar a paso seguro, soy plenamente consciente de que quizá ya se haya roto la inocencia con la que creía abiertamente, sé que me he dejado embaucar por el más mísero de los cobardes pero también sé que sabré perdonar porque ya no hay fuerzas para seguir odiando.



Se acabaron las causas perdidas, ya no... ya no me agacharé a recoger las piedras que encuentre en el camino, patada rápida y a seguir caminando.



Que la vida me espera ahí delante, con señales luminosas...y mis ojos están cansados de ver tanta porquería, mis oídos están hartos de escuchar tanta poesía y mis manos se convierten en puños fuertes para golpear los contratiempos.



Marina

lunes, 23 de enero de 2012

CONTINUA EL CARNAVAL

Hoy, ahora, a la una y veinte de la madrugada; mientras descansa la decepción en el disfraz de la ironía, mi voz en off busca desesperadamente tomar el control.



Y no quiero, resisto inútilmente...porque yo quería hacer hoy poesía y me temo que de aquí saldrá una tragicomedia barata.



Me río para mis adentros, me mofo de mi ansiedad, me burlo de mis sentimientos. Total, ¿cómo tomarse en serio algún sentimiento depositado en manos de la ironía?



¡No, no! Mejor aun, ¿cómo cuidar con esmero un sentimiento entregado a quien lo perdió de camino? Fíjense, ejemplo claro y conciso, espero: compras un ramo de flores hermoso, exuberante y fresco, lo entregas con mucho cariño a alguien que creías especial y vez como ese capullo, siempre sonriente (todo sea dicho) lo coge y lo planta en la basura de atrás y, ¡atención! CONTINÚA SONRIENDO MIENTRAS HACE EL TÍPICO GESTO ATONTADO CON LAS MANOS DE "YA ESTÁ".



¿Sorry? ¿What is it?



Vaya...¡qué desastre! Me temía una sublevación de este tipo por parte de mi subconciente...yo sólo quería hacer un poco de poesía. ¿Estoy a tiempo? Probemos.






Una cálida mañana



se despertó la ironía



al descubrir lángidamente



que de amor nadie moría.






Buscó atropelladamente



algún gesto con valía



mas sólo entre escombros halló



¡nada!...se lo temía.






Sonriente continuó su búsqueda



del príncipe azul galopante



y topó de bruces, frente a frente,



con un Don Quijote de gran talante.






No hubo manera contra la rendición



de su idiota corazón atolondrado



a contraluz luchó con ilusión



contra el mástil de un molino anclado.






Y no hubo más hazaña por contar



que la tranformación de su príncipe



el cual, sin un beso formal,



tornó gris y poco apetecible.






La ironía (ahora) despierta



se pregunta con tesón



¿si Don Quijote ya no lucha



por qué debo hacerlo yo?






Ahora con un poco de seriedad, ¡que quiero poesía!



Esta es la buena: La idiotez del ser humano sólo casa con la prepotencia de quien se cree del doble filo un gran maestro en potencia.






Con salud, Marina

jueves, 19 de enero de 2012

SOBRE LA VIDA



Imaginen, así como puedan, a esta aprendiz de la vida ante el teclado. El pelo medio revuelto, sin peinar, ojeras hasta los pies, la tez pálida, la mirada perdida, la lengua casi blanca, el pijama de saltamontes y una bata estampada con ositos dulces y estrellas.... y estrellada anda mi vida estos días.



Se dice que de las crisis, los malos momentos o los días grises aportan a quien hace de la vida un arte un material valiosísimo para escribir con sorna, pidarcía y gracia sobre los entresijos de la vida.



Pues bien, hecha la imagen física y mental de una perdida como yo, aquí les dejo la mejor reflexión que haya podido hacer nunca tras un encierro forzoso en mi dulce hogar.






Empecemos a hablar de la vida en sí. ¿Qué es? ¡Ah! Sustos...miradas hacia otro lado, carraspeo de garganta, alguien que se frota la nariz, algunos que empiezan a silbar... ¿Quién contestaría? La iglesia diría que la vida es el momento para demostrarle a Dios cuán merecido nos está el cielo y la vida eterna. Los psicóticos macabros dirían frotándose las manos que es el estado previo a morir (y si es lenta y agonizantemente...mejor que mejor). Los soñadores dirían que es la belleza en estado puro con sus buenos momentos y con sus no tan buenos momentos. Los poetas dirían que la vida es la armonía que reside en una bella flor en todo su esplendor. La gente cotidiana, normal y corriente, la que abunda por las calles con prisas porque pierde el metro o dándole con energía al claxon porque el daltónico de delante no ve que el semáforo está en verde, estos, se atreverían a decir, quizá, que la vida es algo terriblemente duro y arduo pero que resignadamente debemos conservar porque es lo único que tenemos. Y yo, señores, señoras, amantes de las letras y curiosos que caéis aquí por aburrimiento o porque las imágenes de google os han traído hasta aquí... a todos vosotros os dedico mi respuesta.



La vida es, nada más ni nada menos, que el estado en el que nos encontramos ahora todos nosotros. Yo, que escribo, vosotros que leéis. No hay más. Eso es, esta es su esencia...lo que hagamos con ella, lo que veamos de ella y en ella, eso no es más que una visión que nos hará ser más o menos felices... Así que, amigos... ¡A vivir!






Marina